Agustina Ganami, tiene 25 años, es estudiante avanzada en el Profesorado en Letras, en la Universidad Nacional de Tucumán. Trabaja de asistente estudiantil en la cátedra de Latín I de su carrera y enseña italiano.
En el marco Settimana della Lingua Italiana nel mondo, charlamos con la tucumana que ganó el “Concurso nacional de ensayos destinado a estudiantes de italiano de las universidades e institutos terciarios“, organizado por la Asociación de Docentes e Investigadores en Lengua y Literatura Italianas (ADILLI) y los Institutos Italianos de Cultura de Buenos Aires y Córdoba.
Su logro le permitió viajar a Italia, donde se siguió perfeccionando en el estudio de la lengua italiana y entabló nexos con decenas de personas con quienes hasta hoy comparte herramientas y espacios para crecer en el manejo del italiano. A la espera de los resultados de la segunda edición del concurso de ADILLI, Agustina nos cuenta su experiencia en la certamen, su vivencia en Italia, cómo empezó en la escritura, la influencia de la italianidad en su vida y dónde surgió la inspiración para su ensayo.
¿En qué consistió tu escrito y cómo encaraste la temática correspondiente?
El tema de la convocatoria para el año pasado era “El italiano y el teatro”. Me volqué por un texto de estilo ensayístico pero dándole un giro al dividirlo en escenas. El ensayo terminó siendo un texto autobiográfico que reflejó escenas de mi vida respecto al aprendizaje del italiano. Comenzando por la etapa infantil, relacionada con mi abuelo, que hablaba a su manera y yo no sabía que era italiano. Con el pasar del tiempo descubrí lo que decía mi abuelo, al poder estudiar al italiano como una lengua nueva.
Lo que me fui preguntando en el ensayo fue si es que había una relación entre la experiencia de la actuación y la experiencia del aprendizaje y puesta en acto de una lengua a otra. Una experiencia que se juega en el interior de cada persona. La idea fue relatar la metáfora de hablar una lengua extranjera como una puesta en escena, en clave de representación teatral, de una otredad que te atraviesa subjetivamente.
¿Cómo es encarar la escritura en otro idioma, en este caso el italiano? ¿Cuesta cambiar el ‘chip’ de un idioma a otro?
En la carrera de Letras tenemos muchos espacios de formación de escritura académica, pero también hay lugar para otras formas discursivas. Desde chica me gusta escribir, no podría decir donde lo adquirí, pero siempre me gustó leer. La escritura es una práctica que va pegada a la lectura.
Creo que ese “cambio de chip” quizás no se produce tan así. Sí creo que son habilidades diferentes que se apoyan. Escribir en otra lengua es otra cosa totalmente distinta. Tuve oportunidades de escribir en italiano en distintos espacios y cursos que me fueron dando el ejercicio de redactar en ese idioma. Es una habilidad distinta que se tiene que practicar en sus propios términos. Es distinto el escribir en cada una de diferentes lenguas.

¿Cuál es tu relación con el italiano?
Hace 5 años que enseño italiano, es mi trabajo, es lo que me encanta y amo hacer. Fui aprendiendo desde muy chica de manera autodidacta, con las palabras sueltas que circulaban en mi casa por la influencia de mi abuelo. También fue muy importante para mí lo que aprendí mediante viajes y cursos que hice en Italia. Por ejemplo, en la Università per Stranieri di Perugia como así también los cursos de especialización del italiano como lengua extranjera. El italiano me atraviesa de manera íntima y fue un amor que se fue constituyendo a partir de pensarlo como un objeto de estudio. Pensar el italiano desde la lengua, manifestaciones culturales y la literatura italiana. Me fascinan las lenguas en general, estudió ingles, alemán, portugués y latín, además del italiano.
¿Qué significa para vos el haber ganado el premio de ADILLI?
Para mí fue muy importante haber ganado esa primera edición del concurso de ADILLI me hizo muy feliz. Le debo muchísimo de este premio a mis profesoras de la Facultad. Hace tiempo vienen peleando por abrir una carrera específica de italiano en la Facultad de Filosofía y Letras de la UNT.
Me parece que lo que se premia es el manejo de la lengua italiana como lengua extranjera. Es interesante la propuesta de ADILLI porque tiene dos enfoques muy importante. Uno es el apoyo de ADILLI a la educación pública, ya que los que se presentan son estudiantes de entidades públicas. El otro, que va de la mano, es un compromiso con la federalización, es decir, que el italiano no se estudia solo en las ciudades que fueron grandes polos inmigratorios. El italiano se estudia en todo el país, por diferentes medios y actores. Todo aporta a la enseñanza de la lengua, cultura, historia y cine italiano, entre otras muchas cosas.
Hay una renovación de gente joven que le interesa estudiar, hablar, escribir e investigar sobre las distintas manifestaciones del italiano. Precisamente, es la cuarta lengua más hablada del mundo. Hay muchas razones por las cuales la gente la estudia. Empezando por el gusto por el idioma y toda la perspectiva histórico-cultural que te abre, como así también por necesidades laborales.
¿Cómo fue la experiencia del viaje? ¿Qué hiciste en Italia y qué recuerdos o aprendizaje trajiste a Tucumán?
La experiencia fue hermosa, transformadora. Aproveché el viaje para hacer un curso de actualización en la docencia de italiano como lengua extranjera en Campus Magnolie. Acercarme a sus perspectivas de enseñanzas y el contacto con docentes tan diversos fue sumamente fructífero. Además, volví con una red de amigos y docentes con quienes mantenemos un lazo humano que persiste en el tiempo. Juntos compartimos el habernos conocido gracias al italiano. El curso tenía una impronta de género que invitaba a pensar la cultura italiana desde esta mirada. Pensar la lengua producida desde las mujeres y las disidencias. Si uno se pone a pensar, la cultura italiana hacia el exterior se destaca por los escritos de hombres. Entonces el proyecto es hacer crecer esta mirada y perspectiva.

¿Tenés pensado, en un futuro, proyectar ideas o planes para seguir desarrollando el italiano?
Sí, tengo planes para el futuro. Por el momento es seguir estudiando y enseñando. Seguir participando de estas redes de docentes que se van formando mediante el intercambio colectivo. Enseñar italiano es lo que más me gusta, creo que todo va por ahí.
¿Qué representa la italianidad en tu vida?
Para mí, la italianidad es un espacio de construcción de vínculos, es un lugar desde el cual construí relaciones importantísimas para mi vida. Amigos, amigas, profesores, compañeros de estudio y trabajo. Pienso en todos mis docentes formadores. Se me viene a la cabeza mi primera profesora de italiano, Ariadna Cabello, a quién adoro y es muy importante para mí. Es un vínculo que se pudo dar por el estudio del italiano, como muchos de mis estudiantes que se convirtieron en mis amigos.
Por último, ¿Qué le recomendarías a otros jóvenes que buscan progresar y adentrarse en la escritura de la lengua italiana?
En primer lugar diría: Piano piano, si va lontano. Pazienza. La escritura en general, y en lengua extranjera en particular, implica una práctica, una habilidad que se desarrolla con constancia. Escribir se aprende escribiendo y reescribiendo. En la escritura se ponen en juego muchas habilidades complejas. Recomendaría inicialmente que se relajen, después cada uno corrige la forma, primero escribamos. Luego vemos si está bien el auxiliar o el verbo. Hay que escribir, después corregir y re-escribir. Siempre es así. También me parece bueno empezar escribiendo sobre uno, sobre cosas que nos sean familiares, luego habrá tiempo para cosas lejanas. Concluye Agustina.
(Foto de portada – Autora: Agustina Ganami)


