La figura del extranjero se ve plasmada en cada inmigrante que abandona su patria hacia un futuro incierto. Por eso en esta nota, te invitamos a conocer la vida de Doménico Biancareddu, un italiano que eligió construir su historia en el suelo tucumano. Lo conocemos a través del relato de su hija Nélida Biancareddu.
El pequeño Doménico en Cerdeña
Doménico nació en Tempio Pausania, al norte de Cerdeña en el año 1889. Hijo de Giovanna María Ghiagheddu y Giovanni Biancareddu, fue el menor de ocho hermanos. Al perder a su mamá a una corta edad, es su hermana Tomassina la que lo crió como una madre cría a su hijo. Los Biancareddu vivían en el centro histórico de la ciudad. La casa de piedra ubicada en Vía Olmo N°5 todavía sigue de pie como tantas otras que se conservan frente al paso del tiempo. Guardando entre sus paredes las historias de niños que jugaban inocentemente, sin apresurarse a pensar en el incierto futuro.
Es tiempo de irse
Le preguntamos a Nélida ¿Por qué su papá decidió venir a Tucumán? Chicha (como todos la conocen) nos dice que después de la Segunda Guerra Mundial, Italia no era la misma. La situación económica y política se agravó más y más. Este clima llevó a su papá, como a otros, a pensar la opción de abandonar su tierra natal. Principalmente en busca de un futuro más prometedor. Nos aclara que la primera opción de Doménico había sido el norte de África. Sin embargo, esa opción fue descartada cuando llegaron a Italia noticias sobre Argentina de un primo suyo. Esto motivó a Doménico a decidirse por Argentina como destino. Decisión que, según cuenta Chicha, fue tomada en absoluta soledad. Ni siquiera se la comunicó a su querida hermana Tomassina pues la despedida con aquella hermana que fue como su madre sería imposible, y solo generaría más dolor.

Cruzar las aguas en el “Dante Alighieri”
Corría el año 1922 y Doménico partía del puerto de Génova en el barco llamado “Dante Alighieri”. Al llegar al suelo argentino es anotado como Domingo Biancareddu. No hace falta señalar el poder del lenguaje para crear en este punto. Doménico siente doblemente el desarraigo, no sólo de su tierra, sino de su propia identidad. Doménico continúa su viaje por tierra hasta la ciudad de Famaillá, en Tucumán, donde se dedicará a la agricultura. Una vez instalado en el pueblo, se contacta con otros inmigrantes Sardos, los cuales se vuelven su soporte afectivo. En un tono emocionado, Chicha recuerda a Giovanni Puggione, Mario Fressia, Antonio Sotggiu, Giussepe Manari y Luca Marra. No es para menos la emoción, pues ella sabe que esos hombre hicieron a su papá sentirse entre amigos y querido. Ellos aplacaron un poco de la soledad que seguro Doménico sintió más de una vez.
Elvira, el rostro del amor
Doménico trabajaba arduamente en su finca. Mientras pasaba las horas conversando con su vecino austríaco venido de Triestre, Juan Bautista Gubert. Entre la agricultura de Doménico y la producción de ladrillos de Bautista, se tejía una amistad. Don Gubert era un poco mayor, era padre de una familia con cinco hijos, entre ellos Elvira. Elvira conocía a Doménico a través del relato de su padre, que le hablaba del buen italiano que le obsequiaba productos de la quinta. De ahí, nada costó que surja el amor entre el italiano y Elvira. Luego del casamiento completaron su familia con el nacimiento de su hija Nélida. Chicha nos cuenta que su papá le decía Ceccina. Pero los lugareños lo fueron transformando hasta Chicha. Hoy Doña Chicha, reconocida y querida en Famaillá, como toda maestra, que educó generaciones de niños en esa ciudad.
Doménico: poder sentirse cerca, aún en la lejanía
Chicha nos cuenta que su papá siempre tuvo la ilusión de volver a pisar el suelo italiano para reencontrarse con su familia. Sin embargo eso nunca sucedió, por cuestiones de la propia vida que nunca sigue nuestros planes. Pese a ello, el vínculo de Doménico con su familia nunca perdió la calidez. La cartas no faltaron. Entre ellas, Chicha nos destaca una enviada por el hermano de Doménico, Nicola. Él le escribe una carta a Elvira, para darle la bienvenida a la familia Biancareddu. Se refiere a ella como “el ángel” que se casará con su hermano y construirá una familia. Las cartas relatan la vida de los Biancareddu entre Cerdeña y Famaillá. Así como sus preocupaciones por la situación política y económica. Otras veces las cartas van con un plus de dinero que Doménico envía para ayudar a sus hermanos.

Pisar el suelo de papá
Chicha mantuvo su relación con sus tíos y primos, incluso después de la muerte de Doménico. Intercambiaron fotos y regalos durante años incluso antes de conocerse personalmente. Para Nélida, escribirse con su primo Lollino, así como con Mariuccia y Líbero, era una inmensa alegría. Recibir tarjetas de navidad y cumpleaños se había vuelto algo común. En 1998, Nélida viajó a Italia en compañía de una sus hijas. Conoció así a sus familiares con los que siempre se escribía. De más está decir que la calidez con la que fue recibida la hizo sentir en casa en el primer momento. La comida, el idioma, los rostros, todo era familiar. Todo esa experiencia la acerca más a su padre Doménico. Dice Chicha que ha sido lo más parecido a vivir un sueño. Agregamos nosotros que, de algún modo, Chicha cerró la cuenta pendiente de Doménico, quién nunca pudo regresar.




2 Comments
You must be logged in to post a comment Login